The lessons of Xochochicalco
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The weather may be warm at Xochicalco, but listening to the archaeologist Marco Antonio Santos can make your blood run cold. Santos is director del museo del sitio and he reveals that the ancient stones at Xochicalco hold grizzly secrets. At Xochicalco a man proclaimed himself to be a god. The faithful believed in this divinity until his powers failed. Then they rose up, slaughtered their heavenly ruler plus his priests, and destroyed all the splendor that surrounded them.
Xochicalco flourished for some two centuries following the fall of Teotihuacan, which apparently had been overrun by barbarians from the north in the seventh century A.D. The survivors established at Xochicalco a city state ruled by priests, kept in power because the priests alone could determine from the movement of the sun when the rains would come, when was the time to plant and when to harvest.
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| Quetzacoatl |
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So advanced was their knowledge that the great and wise from distant climes, from Puebla, Tlaxcala, Oaxaca, even Yucatan, came to study the Xochicalco calendar and to adopt its techniques to their own. One glyph on the Pyramid of Quetzalcóatl shows several Maya lords sitting in traditional Maya poses. More startling, archeologists now believe that during an eclipse in 743, a priest of Quetzalcóatl declared he was Quetzalcóatl. To prove it, day was turned into night.
In the century-an-a-half that followed, ruled by a living god, a small settlement grew into what may have been the grandest city anywhere in the world (what else was there 1,200 years ago?). How the priests explained the inevitable mortality of this deity one can only guess. What scholars do note is that the feathered serpent glyphs that had represented Quetzalcóatl at Teotihuacan gradually took more human form.
Archaeologists continue to debate what led to the decline and fall of Xochicalco. It was, of course, a wealthy city. Wealth attracts poverty as the poor move in, hoping to share some of the riches. Growing population could have caused problems. Beyond that, there may have been a prolonged draught. The living god would proclaim when the time had come for planting, but no rains would follow, nor any significant harvest. Quite likely the rulers nonetheless continued to demand taxes and tribute. Instead, they got revolt.
“No outside invaders destroyed Xochicalco,” Santos declares. “Digs within the ceremonial center reveal mutilated skeletons, their ceremonial jewels ripped from them, their belongings destroyed, sacred sculptures smashed. In the surrounding villages were the ordinary campesinos lived, no damage at all was found.”
No damage, perhaps, but the villages gradually were abandoned. Campesinos still needed astute and clever leaders to tell them when to plant, when the rains, however scarce, would come. Xochicalco languished.
In 1909, President Porfirio Diáz ordered funds be made available for the first excavations at Xochicalco. Goal, as Mexico approached its first centennial of independence, was to highlight the prehispanic past. No one knew then what had happened at Xochicalco, or, if they knew, they paid no attention. No long after the excavations began, Zapata and his hordes began ravishing Morelos, much as the mobs had at Xochicalco a millennium before. Not a politically correct thing to day, but those who fail to learn the lessons of history are condemned to repeat them.
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Las lecciones de Xochicalco
por Jimm Budd
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El tiempo podrá ser cálido en Xochicalco, pero si usted escucha al arqueólogo Marco Antonio Santos semtirá que se le hiela la sangre. Santos es director del Museo del Sitio y revela que las antiguas piedras de Xochicalco guardan espeluznantes secretos. En Xochicalco un hombre se proclamó dios. Sus seguidores creyeron en su divinidad hasta que fallaron sus poderes. Entonces se levantaron, masacraron a su celestial gobernante y a sus sacerdotes y destruyeron todo el esplendor que les rodeaba.
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| Quetzacoatl |
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Xochicalco floreció durante unos dos siglos después de la caída de Teotihuacan, que según parece había sido arrasada por bárbaros del norte. Los supervivientes establecieron en Xochicalco una ciudad- estado gobernado por sacerdotes, que se mantuvieron en el poder porque los sacerdotes eran los únicos capaces de determinar, dado el movimiento del sol, cuándo iban a llegar las lluvias, cuándo era tiempo de sembrar y cuándo de cosechar.
Tan avanzados eran sus conocimientos que magnates y sabios de climas distantes, de Puebla, Tlaxcala, Oaxaca, incluso Yucatán, venían a estudiar el calendario de Xochicalco y a adaptar su técnica a la propia de ellos. Un glifo de la Pirámide de Quetzalcóatl muestra a varios señores mayas sentados en posturas mayas tradicionales. Lo que es más asombroso, los arqueólogos creen hoy que durante un eclipse del año 743, un sacerdote de Quetzalcóatl declaró que él era Quetzalcóatl. Para demostrarlo, el día fue convertido en noche.
En el siglo y medio que siguió, bajo el gobierno de un dios viviente, el pequeño pueblo creció hasta volverse la ciudad más grandiosa de cualquier lugar del mundo (¿qué otra cosa existía hace 1,200 años?). Cómo explicaron los sacerdotes la inevitable mortalidad de esa deidad es algo que sólo podemos conjeturar. Lo que los eruditos observan es que los glifos de la serpiente emplumada que habían representado a Quetzalcóatl en Teotihuacan adoptaron paulatinamente una forma más humana.
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Los arqueólogos siguen debatiendo la causa de la decadencia y ruina de Xochicalco. Desde luego era una ciudad acaudalada. La riqueza atrae a la pobreza cuando los pobres se instalan allí, con la esperanza de tener alguna participación de la riqueza. La explosión demográfica pudo causar problemas. Fuera de eso, tal vez hubo una prolongada sequía. El dios viviente proclamaba cuándo había llegado la hora de sembrar, pero no ocurrían las lluvias ni una cosecha que valiera la pena. Es muy probable que, a pesar de ello, los gobernantes siguieran exigiendo impuestos y tributos. En su lugar obtuvieron revueltas.
“Xochicalco no fue destruido por invasores de fuera,” declara Santos. “Las excavaciones hechas en el centro ceremonial revelan esqueletos mutilados, con sus joyas ceremoniales desgarradas, sus pertenencias destruidas, sagradas esculturas aplastadas. En las aldeas circundantes donde vivían los campesinos ordinarios no se encontró ningún daño.”
Tal vez ningún daño, pero las aldeas fueron abandonadas poco a poco. Los campesinos seguían necesitando líderes sagaces y listos que les dijeran cuándo debían sembrar, cuándo llegarían las lluvias, por escasas que fueran. Xochicalco languideció.
En 1909 el Presidente Porfirio Díaz ordenó asignar fondos para las primeras excavaciones de Xochicalco. La meta, al acercarse México al primer centenario de su independencia, era realzar el pasado prehispánico. Nadie sabía entonces qué había sucedido en Xochicalco, y si alguien lo sabía no le dedicó ninguna atención.
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