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Re-launching Huatulco

                                     by Jimm Budd

(en español, tambien)


Huatulco was the last of the five planned resort centers (centros integralmente planeados) organized by Fonatur and by now it was supposed to be another Cancun or Los Cabos. Now the promoters are trying again, and this time they might succeed.

       Nearly a decade had past since my last visit, but what I found on returning was pure delight. First of all, you know you are in Oaxaca – the peaceful part – the land of mescal and mole negro. The warmth and hospitality are enveloping. And prices are reasonable.

       What I had forgotten is the size of the place: nine bays and 36 beaches with something like 50 hotels and more than 2,400 rooms. These are matters you need to take into consideration when planning a visit. At least Fonatur keeps the roads well paved. In Huatulco the tropics glisten.


       Yet less than half the hotels warrant even three stars, although one young miss recommended them as being hippy chic. Of the half-dozen or so that qualify as luxury resorts, only six are on the beach at Tangolunda (or Tangalinda, as some call it) Bay. Two or three are all-inclusive, meaning that meals, activities and entertainment are included in the package price.

       The smaller inns tend to be away from the beach in the heart of a little community called La Crucecita.    From La Crucecita, most of the 36 beaches are only a 20-or-30 peso taxi ride away. A few can be reached only by boat. Not as convenient as taking an elevator down to the beach, but half of those big resorts require considerable hiking before you reach the sand. Being in good physical condition should be a requirement for visiting Huatulco. What I find appealing when staying at a Crucecita inn is the chance to visit a different beach every day.

       The beaches, sheltered and protected as they are by the bays, are said by María Angelica Angón, the not-altogether unbiased president of the Huatulco Hotel Association, to be the best along the Mexican Pacific. They are why Fonatur came to Huatulco in the first place. For those who want more, there is snorkeling, diving, sailing, fishing, wind-surfing, golf, tennis, river rafting, kayaking, trekking, horseback riding, bird observation and reputedly the longest zip line (tirolesa) in Latin America. 


       Preserving the ecology is a major goal. Most of the 21,163 hectares that comprise the area have been set aside as a national park and will not be developed. Proper waste disposal facilities and keeping the beaches clean is of major concern.

With all this going for it, you might be tempted to ask why Huatulco needs to be re-launched. Actually, re-launching has become something of a tradition for the past two decades during each administration. Huatulco has yet to become the international destination planners expected it would become. The late Antonio Enriquez-Savignac, Minister of Tourism in 1987, proclaimed Huatulco to be “The big one,” He predicted it would be hosting a million tourists annually by now, tourists who would be staying in some of the 10,000 hotels rooms expected to be in operation.

This time, however, it really may happen. Huatulco, we are told, has been a favorite vacation destination for Felipe Calderon and his family during the past several years. Since it already is close to perfect, you might wonder why not leave it alone. But more tourism could bring more prosperity to an area very much in need of prosperity. The budget for Huatulco has been increased 600%.

       As originally planned, Huatulco was expected by now to have ten times as many hotels and hotel rooms as it has now. This may finally come about as an express highway is built from Oaxaca City to the coast and then all along the coastline. This will not exactly be another Ixtapa-Zihuatanejo combination, but should make the idea of a two-destination vacation more practical. 


El re-lanzamiento de Huatulco

               por Jimm Budd

Huatulco era el último de los cinco centros integralmente planeados organizado por Fonatur y para estas fechas se suponía que sería otro Cancún o Los Cabos.

Casi había trascurrido una década desde mi última visita, pero lo que encontré fue maravilloso. Ante todo sabes que estás en Oaxaca (su parte pacífica) que es la tierra del mezcal y del mole negro. La calidez y la hospitalidad son envolventes. Y los precios son razonables.

       Lo que yo había olvidado es  el tamaño del lugar: nueve bahías y 36 playas con algo así como 50 hoteles y más de 3,000 cuartos. Estos son aspectos que deberás tomar en consideración cuando planees una visita. Fonatur mantiene las carreteras bien pavimentadas.

       Sin embargo, menos de la mitad de los hoteles merecen ni siquiera tres estrellas, aunque una joven señorita los recomendara como algo “hippy chic.”  De la media docena o algo así que encajan en la categoría de resorts de lujo, sólo seis están en la playa de Tangolunda (o Tangalinda, según la llaman algunos). Dos o tres son del tipo  “todo incluido”, es decir, las comidas, las actividades y la diversión están incluidas en el precio del paquete.

       Las posadas más chicas tienden a alejarse de la playa y situarse en el corazón de una pequeña comunidad llamada La Crucecita. Desde La Crucecita, la mayoría de las 36 playas están a unos 20 o 30 pesos en taxi. Unas cuantas tienen acceso sólo por lancha. No son tan cómodas como bajar a la playa tomando un elevador, y la mitad  de esos grandes resorts exige una considerable caminata para llegar a la arena. 


 

Estar en buena condición física debería ser un requisito para visitar Huatulco. Lo que yo encuentro atractivo cuando me alojo en una posada de Crucecita es la oportunidad de visitar una playa distinta cada día. También puedes almorzar en un lugar distinto cada día. Algo especial es La Boheme, que es francesa. Dublín es una taberna irlandesa, y Camelot -- que debe su nombre a un castillo inglés -- es famoso por sus salchichas y por la cerveza alemana. Conforme avanza la noche, entre los antros llamativos está la Casa del Rock, Blvd y Mina.

       Para momentos más sobrios, detente en Mantelería Escobar, una tienda donde se utilizan telares centenarios para producir tela de algodón para camisas bordadas, vestidos, blusas y por supuesto manteles. Más o menos enfrente hay un sitio para probar diversos mezcales, nuevos, reposados y añejados, con o sin un gusano en el frasco.

Para aquellos que deseen más, hay buceo con snorkel, sumersión, veleo, pesca, surf, golf, tenis, descenso en balsa por el río, kayak, caminata, montar a caballo, observación de aves y la tirolesa calificada como la más larga de América latina.

       Conservar la ecología es una meta principal para Huatulco. La mayor parte de las 21,163 hectáreas que comprenden la zona han sido apartadas como parque nacional y no serán urbanizadas. Las instalaciones para la correcta eliminación del desperdicio y el mantenimiento de playas limpias son la principal preocupación.

       Lo que realmente merece sacrifica un día en el litoral es la excursión rural de ciudades y folklore que demuestran como es la vida y como ha sido siempre en la mayor parte de Oaxaca. Conviene parar en una granja en la que se cultivan plantas medicinales y enterarse de cual servirá para curar una resaca (efecto de la borrachera); visitar un rancho de nopales -- aunque te parezca que el nopal es un vegetal pegajoso; entérate de cómo se tejen cestos y se forman ladrillos de adobe a partir del barro. Todo esto es algo que cualquier niño de la ciudad debería ver.

Quienes han estado allí recomendarán Huatulco a sus amigos. Yo sé que yo lo haré. Ve a Huatulco mientras todavía se conserva  maravilloso. Tal vez lo sea siempre. Así lo espero. Pero estoy preocupado.