Las Posas and Edward James
by Jimm Budd
en español también
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It
is a long drive 320 kilometers east of Queretaro, but some weekend when you are
feeling adventurous, you might enjoy an excursion to Xilitla in the Huasteca
Potosiana. The attraction is Las Posas, a surrealist splendor erected in the
jungle by a fabulously rich eccentric, one Edward James, who called himself the
bastard grandson of a King of England. Almost swallowed up by the rain forest
where it was born, Las Posas has been saved.
The
trip might also include a night or two at one of the hacienda resort hotels in
Hidalgo and, later, a return journey through the Sierra Gorda.
The scenery in la Sierra is
spectacular, but Las Posas is what you undoubtedly will remember longest. Las
Posas lies almost hidden beyond the coffee plantations and banana trees, deep
amid ferns and vines swirling up towering hardwoods in a mist-shrouded tropical
forest. The setting is worthy of Bram
Stoker.
Amid 30 acres of greenery, concrete
stalks of bamboo sway in the breeze.
Larger-than-life cement vipers, slimy with green mildew, rear up by an
overgrown trail. A pair of giant hands reaches out of the earth. A grand
staircase stands alone, leading upward, into the void.
Las Posas refers to nine pools fed by
waterfalls that splash down from spring-fed brooks. Edward James came to this
jungle Eden in 1947, first to grow orchids and raise exotic animals, then,
later, to build his masterpiece.
Born in 1907, James grew up in a
mansion of some 350 rooms on a 2,500-hectare English estate. As a youth, he
inherited "tons of money" with which he seems to have bought himself
admission into the shimmering art world that glittered so brightly between the
two world wars.
A self-published poet and failed
novelist, James won for himself a place as an angel, commissioning ballets and
symphonies, collecting paintings, sponsoring Salvador Dali's "Dream of
Venus" exhibit at the 1939 New York World's Fair.
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Nonetheless,
James felt that because of his wealth he was scorned by those he helped.
Divorced and ridiculed by a dancer who today would have been a porn star, he
drifted to the fringes of Hollywood in the 1940s and on to Mexico in the 1950s,
chasing a happiness that eluded him until he settled in Xilitla.
In his final years James found a friend
in Plutarco Gastelum, a former rancher and one-time boxer who worked at the
telegraph office in Cuernavaca. Gastelum brought James to Xilitla. Together
they built Las Posas and El Castillo, the James mansion that is now a hotel.
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Las Pozas y Edward
James
por Jimm
Budd
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Algún fin de
semana en que te sientas especialmente
aventurero, puedes disfrutar de una excursión a Xilitla en la Huasteca
Potosiana. La atracción
principal es Las Pozas, un esplendor surrealista erigido hace más o menos
treinta años en la selva por el fabulosamente rico y bastante excéntrico Edward
James, quien, según decía, fue el nieto bastardo de un rey de Inglaterra. Aunque
casi ha sido tragado por la selva en la que nació, Las Pozas está siendo
rescatado.
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Tu viaje también puede incluir
una o dos noches en una de las hacienda-resorts en Hidalgo y, más tarde, un
recorrido de vuelta a través de la Sierra Gorda. En la ciudad de San Luis
Potosi hay agencias que ofrecen viajes guidas. Xilitla mismo fue fundado a mediados del siglo XVI por
misioneros agustinos, quienes erigieron un convento que hoy está considerado
como el edificio colonial más antiguo de San Luis Potosí.
La iglesia es
interesante y el paisaje de la Sierra espectacular, pero Las Pozas sin duda es
algo que jamás olvidarás. Se encuentra
prácticamente escondido más allá de las
plantaciones de café y plátanos, en medio de helechos y enormes y frondosas
enredaderas en un brumoso bosque tropical. El escenario
es digno del propio Bram Stoker.
En medio de
casi diez hectáreas de espacios verdes y tallos de bambú que se mueven con singular vaivén en la brisa. Enormes
víboras de cemento, viscosas de moho verde, suben sobre un sendero herboso. Un par de
manos gigantes salen de la tierra. Una colosal
escalera conduce al vacío.
Las Pozas son nueve charcos alimentados
por las cascadas que caen desde manantiales y arroyos. Edward James
llegó a este Edén en la selva durante 1947, primero para cultivar orquídeas y
criar
animales
exóticos, y, más tarde, para crear su obra maestra.
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Nacido en
1907, James creció en una mansión inglesa de 350 habitaciones en una finca de
2,500 hectáreas. En su
juventud, heredó "toneladas de dinero" con las que trató de comprar
admisión en el mundo resplandeciente del arte que brillaba tan intensamente
entre las dos guerras mundiales.
Poeta auto-publicado y novelista fracasado, James ganó un
lugar para sí mismo como un “ángel,” financiando la puestas en escena de
ballets y sinfonías, coleccionando pinturas, patrocinando el "Sueño de
Venus" de Salvador Dalí en la Feria Mundial de Nueva York de 1939.
Sin embargo, James consideró que, debido
a su riqueza, había sido despreciado por aquellos a los que ayudó. Divorciado y
ridiculizado por una bailarina que el día de hoy habría sido una estrella
porno, se acercó al ambiente de Hollywood en la década de 1940 y a México en la
década de 1950, en donde intentaba alcanzar la
felicidad que insistía en escapársele,
hasta que finalmente se estableció en Xilitla.
En sus últimos años James encontró a un amigo en Plutarco
Gastelum, ganadero y ex-boxeador que
trabajaba en la oficina de telégrafos de Cuernavaca.
Gastélum llevó a James a Xilitla. Juntos
construyeron Las Pozas y El Castillo, la mansión de James que es ahora un
hotel.
En Las Pozas, a partir de 1962, Edward
James comenzó a crear arte que vale la pena preservar. Se invirtió
algo como siete millones de dólares en el proyecto, y eso fue cuando siete
millones de dólares era una cantidad considerable de dinero. Ninguna de
las 36 estructuras de la propiedad se terminó. A James se le
ocurría una idea, empezaba trabajando en ella, y luego brincaba a otra cosa,
según las personas que lo conocieron. Fue un esteta, pero no muy
bueno para acabar lo que iniciaba. Hay, entre otras cosas, una escalera de caracol que no conduce a ninguna parte,
gruesas columnas de hormigón que no sirven para nada en absoluto, y su
"Casa Para Convertirse en un Cine"
en la que nunca estreno una sola película.
Ocultas como una ciudad perdida en medio
de los helechos y las lianas, Las Pozas resplandecen en la bruma junto con sus
lozas resbaladizas, como si una horda de babosas acabara de pasar por ahí.
Rejas oxidadas cuelgan sobre sus goznes. Atrás
de telarañas, las puertas conducen a un húmedo agujero
negro, donde es fácil de imaginar ataúdes que
yacen en espera de la puesta del sol.
En 1984, Edward James murió.
Su monumento estuvo a punto de morir con él. La buena noticia es que ha
sido preservado. Tenemos el Fondo Xilitla, establecido
hace dos años y con el apoyo de la Fundación Pedro y Elena Hernández, Cemex y
el mismo gobierno de San Luis Potosí. La tarea de
conservación de este monumento es, por supuesto, monumental. Se ha anunciado un
presupuesto de 60 millones de pesos para empezar. Y dicen necesitar más.
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