Jimm Budd's World

Home

Mexicogram

Weekly Column

The Neighbors

Mexico History

The ancient past

New Spain

Empires and Republics

Dictatorship, Revolution

Into the future

Archeology

Bonampak

Cholula

Teotihuacan

Paquime

page2

Palenque

page1

Tajin

Xochicalco

Beaches

Acapulco

Cabos

Cancun

Cozumel

Escondido

Huatulco

Isla Mujeres

Ixtapa and Zihua

LaPaz

Loreto

Mazatlán

Morelia

Nayarit

Playa del Carmen

Riviera Maya

Viceregal Gems

Alamos

Campeche

DoloresHidalgo

Guanajuato

Merida

Michoacan

Pátzcuaro

Puebla

Oaxaca

Queretaro

Taxco

Zacatecas

Special Spots

Aguascalientes

Bernal

Coatepec

Cuetzalan

Guaymas Pearls

Huasteca

Other Border

Tapachula

Tehuacan

Xilitla

Other Travel Articles

Amazon

Bermuda

Fiji

Prague

Guatemala

San Diego

Vancouver

Alamos
    A treasure in the Sierra Madre

                                        by Jimm Budd

(en español también)


          If the main reason you travel is to discover a new setting for your next novel or screenplay -- and why else would anybody leave home?—then hurry off to Alamos in distant Sonora. In Alamos, your masterpiece will take form. The locals say B. Traven wrote “Treasure of the Sierra Madre” in Alamos. Now you have the opportunity to create great literature. 

         For a time Alamos was capital not only of Sonora, but Sinaloa, Arizona and New Mexico as well. Think of San Miguel de Allende a generation or two ago. To walk the narrow unchanged streets is to feel swept back to the 18th century, when Alamos was among the richest cities in the world, and one of the most important in all of Mexico. Centuries-old structures edge cobbled lanes. An ancient sanctum dominates the halcyon plaza. The cameras are ready to roll.

         Getting to Alamos with all that equipment could be something of a challenge, but leave that vexation to the production people. As for your own excursion, fly into Ciudad Obregon and hire a taxi (fare would be about 1,200 pesos). A rental car would be a must less expensive option, but along the byways of Sonora, getting lost is quite easy.

         Let us say you have the historical genre in mind for you epic. Perhaps a costume drama. Alamos is the northernmost of the Spanish colonial cities. As for the narrative we are to compose, we might begin with a romance between the daughter of a cruel peninsular silver baron and a poor yet noble creole lad. Or a swashbuckling bandit who arrives to steal the bullion, only to have the baron’s child steal his heart. Floods and cholera epidemics plagued Alamos. The plot possibilities are endless.


          If you prefer melodrama not so bogged down in the distant past, consider Pancho Villa, whose onslaught brought a temporary end to the glory days. Fancy something more contemporary?  Today Canadians own the mines around Alamos. A script could feature a blond but bumbling engineer from Saskatoon and a fiery señorita nonetheless ready to melt in his arms. María Felix, remember, was a daughter of Alamos. Her home is now a hotel and a museum. 

         Although Villa is said to have reined in his raiders, announcing that some day he would return to Alamos as a pensioner, once he departed he left behind a ghost town. If ever there was a setting for an elegiac epic, this is it. We could have a tale about a misbegotten son returning to search for his wayward father only to discover everyone he speaks with is nothing more than a specter. Or has that already been done? No matter. Shakespeare borrowed his plots, too.

         Agatha Christi never discovered Alamos. If she had, she might actually have written a best seller. The town lies at the end of a narrow, twisting mountain road. Close that pike and there would be no way to leave. A shot, a scream, a body falls…


         Too grim.? Perchance humor is more your fare. Fine. Alamos claims to be the home of the Mexican jumping bean. That might be enough to write a book about, but there is more. Unlike Pancho Villa (who was shot down before he could realize his dream), hundreds of Americans have discovered Alamos and decided to retire there. They buy wracked mansions and repair them, opening hotels and restaurants by the score. 

         At first I thought about a book along the lines of “A Year in Provence,” the adventures of an Englishman building his dream house in France. But both these and similar stuff treat the anguish involved in dealing with the natives. This time, perhaps, a droll discourse on how the natives mange while dealing with the aliens and their strange requests. Nearly half the residents of Alamos work for foreigners.

         Finally, a film I might call “Mexican Graffiti” is taking form somewhere in my cerebellum. It began the night I and some elderly friends dined al fresco on the plaza in Alamos, our conversations interrupted by youths cruising by in their aptly-named pickups, radios blasting out deafening rock, hip-hop, or whatever music is called these days. Is this like the rutting call of a moose? Does it work? Perhaps soon you can find out in a cinema near you.


ALAMOS 

    Un tesoro en la Sierra Madre


            Si la razón principal para que viajes es descubrir un nuevo escenario para tu próxima novela o guión -- ¿y para qué otra cosa saldría nadie de casa? – entonces apúrate a ir al pueblo mágico de Álamos en la lejana Sonora. En Álamos tomará forma tu obra maestra. Los lugareños dicen que B. Traven escribió en Álamos su “Tesoro de la Sierra Madre”. Ahora tienes la oportunidad de crear gran literatura. 

            Durante algún tiempo Álamos fue la capital no sólo de Sonora, sino también de Sinaloa, Arizona y Nuevo México. Piensa en San Miguel de Allende hace una o dos generaciones. Caminar por las estrechas calles que no han cambiado es sentirte devuelto al siglo XVIII, cuando Álamos figuraba entre las ciudades más ricas del mundo y una de las más importantes de todo México. Construcciones de una antigüedad de siglos bordean callejuelas empedradas.  Una vieja capilla domina la idílica plaza. Las cámaras están listas para rodar.

            Llegar a Álamos con todo ese equipo podría ser todo un desafío, pero deja esa tribulación a la gente de producción. En cuanto a tu propia excursión, vuela hasta Ciudad Obregón y contrata un taxi (te costará unos 1,200 pesos).  Rentar un auto sería una opción mucho menos onerosa, pero en los vericuetos de Sonora es muy fácil perderse.

            Digamos que has pensado en el género histórico para tu épica. Álamos es la más norteña de las ciudades coloniales españolas en México. En cuanto a la narrativa que habremos de componer, podríamos empezar  con un idilio entre la hija de un cruel barón peninsular de la plata y un muchacho criollo pobre pero noble. O un bandido de capa y espada que llega a robar los lingotes de plata, sólo para que la hija de barón le robe el corazón. Las inundaciones y la epidemia de cólera asolaban a Álamos. Las posibilidades del argumento  son interminables.


            Si prefieres un melodrama no tan empantanado en el lejano pasado, piensa en Pancho Villa, cuya arremetida trajo un fin temporal a los días de gloria. ¿Se te antoja algo más contemporáneo? Los canadienses son hoy los dueños de las minas de los alrededores de Álamos. Un guión podría presentar un ingeniero de Saskatoon, rubio pero torpe, y una fogosa señorita dispuesta, sin embargo, a derretirse en sus brazos. Acuérdate de que María Félix era hija de Álamos. Su hogar es hoy un hotel y museo. 

            Aunque se dice que Villa refrenaba a sus asaltantes, anunciando que algún día regresaría a Álamos jubilado, una vez que se fue dejó tras de sí una ciudad fantasma. Si alguna vez hubo un escenario para una épica elegíaca, ahí lo tienes. Podríamos tener el cuento de un hijo malnacido que regresa en busca de su padre, sólo para descubrir que todos aquellos a los que habla no son otra cosa que espectros. ¿Ya ha sido hecho eso? No importa. También Shakespeare copiaba sus argumentos.

             Agatha Christie jamás llegó a descubrir Álamos. De haberlo hecho, podría haber escrito realmente un superventas. La ciudad está al final de una estrecha y retorcida carretera de montaña. Si cierras esa entrada no habría modo de salir. Un disparo, un grito, un cuerpo que cae…


           ¿Demasiado lúgubre?  Tal vez tu vena sea más humorística. Muy bien. Álamos asegura ser la cuna del fríjol saltarín mexicano. Eso bastaría para escribir un libro sobre ello, pero aún hay más. A diferencia de Pancho Villa (al que abatieron a balazos antes que pudiera realizar su sueño), centenares de norteamericanos han descubierto Álamos y han decidido retirarse allí. Compran mansiones destartaladas y las reparan, abriendo hoteles y restaurantes por docenas. 

            Primero pensé en un libro en el sentido de “Un año  en Provenza”, las aventuras de un inglés que construye en Francia la casa de sus sueños. Pero tanto esos como asuntos parecidos tratan la angustia que acarrea el trato con los nativos. Esta vez, quizá, un chistoso discurso sobre cómo se las barajan los nativos para tratar con los extraños y sus raras peticiones. Casi la mitad de los residentes de Álamos trabajan para extranjeros.

            Por último, un filme que yo podría titular “Graffiti Mexicanos” se está plasmando en algún rincón de mi cerebelo. Empezó la noche en que varios amigos maduros y yo cenábamos al fresco en la plaza de Álamos y nuestras conversaciones eran interrumpidas por jovencitos que recorrían la plaza en sus bien llamados pickups, con la radio lanzando a todo volumen los ensordecedores ruidos de rock, hip-hop o como quiera que llamen a la música en nuestros días. ¿Se parece eso al  canto de un venado en celo? ¿Funciona? Tal vez podrás averiguarlo pronto en un cine cerca de tu casa.