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New Life for Taxco
by Jimm Budd
(en español también)
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Charming and picturesque, Taxco appears on the verge of a renaissance. Not too many years ago the little silver city was a major travel destination in Mexico, attracting more tourists than anyplace except Acapulco or Mexico City. Those days may be gone forever, but you need only glance around at all the blond heads and freckled faces on the Zocalo to see that Taxco no longer is forgotten. Never think of finding a room at a good hotel on a weekend without calling ahead for a reservation. And if you think of the Periferico as a parking lot, wait until you try to navigate the crammed, narrow streets of Taxco.
Where once it was Americans who swarmed into Taxco and seemed never to want to leave, now the tourists are Europeans and South Americans. Weekend visitors from the capital flock into the Hotel Montetaxco with its swimming pool, hilltop golf course and Swiss aerial tramway like a zip-line leading down to the jewelry shops. Foreigners often prefer the smaller, less elegant inns in town.
Silver and tourism always have been the lifeblood of Taxco. Silver came first and in the viceregal era made José de la Borda the richest man in the Western Hemisphere. Taxco silver taken east by galleons paid for all those treasures from the Orient shipped back to Acapulco. Only during the troubled 19th century did the mining business falter.
Tasqueños credit William Spratling with getting things moving again. Spratling arrived in the 1930s, invited to Mexico by the American Ambassador, Dwight Morrow. Spratling stayed. A university professor, he saw a golden opportunity in Taxco silver and enrolled local craftsmen into fashioning jewelry. Their work he sold abroad, but apparently he shared the wealthy and everybody profited.
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| Silver shop |
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Then there was Jimmy Dubin, who, sadly, seems almost forgotten now. Dubin pioneered in taking tourists to Taxco. He, too, started out in the 1930s, picking up passengers from the banana boats docked in Acapulco and rushing them out of the sweltering heat into the cool mountains where Taxco nestles. In the 1950s and 1960s, Dubin thrived by busing tourists in the opposite direction, from the capital to the beach with an overnight stop in Taxco, where Dubin owned three hotels. The charm of what was then a hillside village of cobbled streets, stone houses topped with tiled roofs, delighted visitors.
For many of these tourists, one night was not enough. They wanted to come back. Sully Sullivan gave them a place to stay, converting the ancient Hacienda del Chorrillo into a small, exclusive hotel. Guests needed a recommendation to be admitted. Sully always insisted that he was not being a snob, but simply trying to avoid difficulties. Meals at the Chorillo were served at one specific hour. Guests sat at one long table and ate – or did not eat – what they were served. Everyone spoke English. “Many people simply would not be happy here,” Sully said. “We recognized that.”
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| Monte Taxco tramway |
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It was for these people that Alfredo Checa opened what is now the Montetaxco, something of an engineering miracle, built the way it is on the summit of what a rather formidable mountain. Amazingly, considering its age, the Monte Taxco is nicer now than when it opened in 1974. Checa’s success has inspired others to invest in hotels. The old Dubin properties recently were purchased and, the press is told, will be rehabilitated. Santa Prisca, that landmark church that Borda silver bought and paid for more than two centuries ago, is having its face scrubbed. Now if only something could be done about all those cars clogging the streets.
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| Small plaza |
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por Jimm Budd
Encantador y pintoresco, Taxco está a las puertas de un renacimiento. No hace demasiados años, la pequeña ciudad de la plata era un muy importante destino para el turismo en México, que atraía más visitantes internacionales que ningún lugar excepto Acapulco o la ciudad de México. Esos días podrán haberse ido para siempre, pero basta echar un vistazo a todas las cabezas rubias y caras pecosas del Zócalo para ver que Taxco ya no está olvidado. Nunca creas que vas a encontrar un cuarto en un buen hotel si no pides antes una reservación. Y si crees que el Periférico es un estacionamiento, espera hasta que trates de navegar por las estrechas y abarrotadas calles de Taxco.
Si antaño eran los norteamericanos los que llegaban a Taxco formando un enjambre y parecían no querer irse jamás, ahora los turistas son europeos y suramericanos. Los visitantes mexicanos de fin de semana procedentes de la capital se congregan en el Hotel Montetaxco con su alberca, cancha de golf en la cumbre y teleférico suizo como una tirolesa que desciende hasta las joyerías. Los extranjeros suelen preferir las posadas más chicas y menos elegantes de la ciudad.
La plata y el turismo han sido siempre la parte vital de Taxco. Primero llegó la plata y convirtió a José de la Borda en el hombre más rico del Hemisferio Occidental. La plata de Taxco llevada al este por los galeones pagó todos esos tesoros del Oriente que se embarcaban de vuelta a Acapulco. Sólo durante el turbulento siglo XIX se tambaleó el negocio minero.
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| Miner monument |
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Los habitantes de Taxco atribuyen a William Spratling el mérito de que las cosas volvieran a moverse. Spratling llegó a Taxco en la década de 1930 y vio una oportunidad de oro en la plata. Contrató a artesanos locales para que modelaran alhajas. La obra de ellos la vendía en el extranjero, pero parece ser que compartió la riqueza y todo el mundo se benefició.
Luego llegó Jimmy Dubin, el cual (triste es decirlo) hoy parece casi olvidado. Dubin abrió nuevos caminos para traer turistas a Taxco. También él empezó en la década de 1930, recogiendo pasajeros de los barcos plataneros atracados en Acapulco y sacándolos a toda prisa del sofocante calor para llevarlos a las frescas montañas donde se acurruca Taxco. En las décadas de 1950 y 1960, Dubin prosperó acarreando turistas en el sentido contrario, desde la capital hasta la playa con parada de una noche en Taxco, donde Dubin poseía tres hoteles. El encanto de lo que entonces era una aldea de colina con calles adoquinadas, casas de piedra con tejados de baldosas, encantaba a los visitantes.
Para muchos de esos turistas no bastaba una noche. Querían volver. Sully Sullivan les dio un lugar donde alojarse, al convertir la antigua Hacienda del Chorrillo en un hotel pequeño y exclusivo. Sus clientes necesitaban una recomendación para ser admitidos. Los huéspedes se sentaban a una larga mesa y comían – o no comían – lo que se les servía. Todo el mundo hablaba inglés. “Esto no sería del agrado de cualquiera,” decía Sully. “Y eso lo sabemos...”
Fue para esa gente para la que Alfredo Checa abrió lo que hoy es el Montetaxco, como milagro de ingeniería, edificado como está en la cumbre de lo que es una montaña bastante imponente. Lo sorprendente, considerando su edad, es que el Montetaxco es más atractivo ahora que cuando se inauguró en 1974. El éxito de Checa ha animado a otros a invertir en hoteles. Las antiguas propiedades de Dubin fueron adquiridas recientemente y, según se informa a la prensa, serán rehabilitadas. Ahora... si tan solo se pudiera hacer algo respecto a todos esos automóviles que atascan las calles...
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| Tony's Bar - Montetaxco |
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